A través de la escuela y mediante la educación, la sociedad trata de que una parte de ella adquiera los conocimientos que luego harán que se puedan llevar a cabo determinadas tareas.
En este contexto, la enseñanza de la matemática generalmente se reduce a enseñar y aprender, olvidando que los conocimientos también sirven para actuar. Esto conlleva a creer que las únicas necesidades matemáticas de la sociedad son las que derivan de la escuela, creando la falsa imagen de que la matemática está hecha para ser enseñada y aprendida, que la “enseñanza formal” es imprescindible y que la única razón por la que se enseña y se aprende matemática es porque se enseña en la escuela.
Esto también se funda en que muchas veces la obligación de estudiar matemática no suele estar ligada a una verdadera necesidad sentida por los propios alumnos de utilizar la matemática para responder a cuestiones que se le plantean o para llevar a cabo una tarea problemática que no saben cómo realizar, sino mas bien a cuestiones sociales que los alumnos consideran ajenas a sus intereses. En cierta forma, la enseñanza de la matemática es impuesta.
Desde mi punto de vista, el aprendizaje ocurre cuando alguien quiere aprender, no cuando alguien quiere enseñar. De esta forma, el aprendizaje ocurrirá cuando la persona hace cosas que tienen alguna utilidad práctica, motivado en gran parte por la curiosidad, pero además también por las necesidades reales de las personas.
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